¿Cómo protegerte del sol en la montaña?

FacebookTwitterGoogle+

Situado a unos 150 millones de kilómetros, y con un radio 109 veces mayor que el de la Tierra que nos alberga, de las radiaciones de Sol dependen tanto nuestra salud como la vida en el planeta. Pero, tal como ocurre con otras cosas, que sus efectos curen o maten es sólo una cuestión de dosis. Saber cómo protegerte del sol en la montaña este verano es clave.

¿Qué nos envía el Sol?

Las reacciones nucleares que lo mantienen candente, a una temperatura media de unos 5727ºC, generan cantidad de radiaciones que atraviesan el espacio y bañan este planeta. Se trata de rayos gamma, rayos X, ultravioletas, radiaciones visibles e infrarrojas. Cuanto más pequeña es su longitud de onda, mayor es su energía. De hecho, las menores son capaces de arrancar electrones de las materias sobre las que impactan, alterando, por ejemplo, las moléculas de ADN de nuestro organismo y propiciando la aparición de mutaciones o cáncer.

Afortunadamente, una gran parte de las radiaciones se quedan en diversas capas de la atmósfera que envuelve y protege a la Tierra, de tal forma que aproximadamente el 90% de los rayos ultravioletas se quedan en esa “coraza” defensiva, al igual que un 60% de la luz visible y un 50% de la radiación infrarroja, variando las cifras en función del estado atmosférico. Y decía que ocurre eso afortunadamente porque algunas de esas formas de energía serían mortales para el ser humano en caso de recibirlas sin ese filtro gaseoso.

La atmósfera salvadora

Tiene unos 600 km de espesor, pero lo cierto es que en los 16 km más bajos o cercanos a nosotros se concentra el 90% de los gases protectores. Hay que recordar que solo algunas de las cimas principales del planeta llegan a la mitad de esos kilómetros de atmósfera más densa, pero que a medida que ascendemos, dejamos a nuestros pies capas y más capas de protección solar, aumentando la cantidad de radiaciones que nos afectan.

El estado del cielo también influye en la energía que recibimos. Sin embargo, radiaciones como las ultravioletas son capaces de atravesar casi todos los tipos de nubes, por lo que es preciso protegerse incluso en días nublados o en medio de la niebla. Tan sólo muy gruesos cumulonimbos, de gran desarrollo vertical, son capaces de evitar la llegada de los rayos UV.

Distintas radiaciones, distintos efectos

Los efectos de las radiaciones en nuestro cuerpo dependen de su longitud de onda, de la dosis que recibimos, de factores genéticos y de la edad que tenemos. También es cierto que la exposición bien regulada y progresiva nos permite crear defensas, como ocurre con el bronceado de la piel. Las radiaciones más energéticas, como los rayos gamma y los X, son capaces incluso de matar las células del cuerpo, a ciertas dosis. Las ultravioletas, que suelen dividirse en varias clases, también son capaces de alterar el ADN, y por lo tanto, la reproducción de las células.

Dejaremos al margen las UVC, por no ser capaces de atravesar el filtro atmosférico, pero las conocidas como UVA tienen bastante capacidad para penetrar en las células de la piel, llegando incluso a las profundas, en la dermis, y dando lugar a un bronceado protector rápido, pero menos duradero.

Las UVB no llegan a entrar tan profundamente en la piel, generando las quemaduras solares cuando la dosis resulta excesiva. También éstas estimulan la producción de melanina, sustancia responsable del bronceado protector, que en este caso es más lento en aparecer, pero más duradero. A pesar de la protección que el buen bronceado nos proporciona, es preciso saber que las dosis de radiaciones ultravioletas son acumulativas; es decir: sus efectos negativos sobre el ADN de las células van creciendo con el paso del tiempo, a medida que nos exponemos más tiempo al sol. Pero no todo es malo: solo gracias a sus rayos, nuestro organismo es capaz de crear una vitamina fundamental, como es la D. Sin ella, el raquitismo afectaría el esqueleto, debilitándolo en grado extremo.

¿Cómo protegerte del sol en la montaña?

¿Por qué recibimos más en verano?

Durante el verano, la inclinación del eje de la Tierra hace que los rayos solares nos lleguen de una forma más vertical que en invierno. Por ello, atraviesan casi perpendicularmente la atmósfera y llegan al suelo, o a nuestro cuerpo, con mucha más energía que en invierno, cuando el cambio del eje terrestre obliga a las radiaciones de esta otra época a atravesar de forma oblicua la atmósfera, llegando debilitadas y con menos capacidad para lesionarnos.

¿Y por qué más en la montaña?

¡Lógico! Ya hemos dicho que la parte más densa y filtrante de la atmósfera está en los primeros 16 kilómetros a partir del nivel del mar. Si ascendemos a una cima de 3000 metros, tendremos 3 kilómetros menos de filtro atmosférico. Y cuanto más ascendamos, menor será la protección natural.

¿Cómo protegerte del sol en la montaña en verano?

Cuanto más alto subamos más radiaciones recibiremos (en las gafas se aprecia la Cascada de Hielo del Khunbu)

Piel, mucosas y ojos

¿Cómo protegerte del sol en la montaña en verano?

Conjuntivitis y quemadura cutánea por exceso de radiación solar.

Además de la piel, cuya relación con la radiación solar ya hemos visto, también las mucosas expuestas sufren los efectos de las radiaciones. La zona más habitualmente dañada es la que cubre el labio inferior. Por su posición, el impacto de los rayos solares resulta ser más vertical que en el labio superior, pudiendo sufrir “pupas” o herpes actínicos si no lo protegemos del exceso.

Y en los ojos tenemos otro de los “puntos flacos”. Frente a las radiaciones visibles, las pupilas, o centro oscuro de los ojos, reaccionan abriéndose más o cerrándose en función de si estamos en un lugar oscuro o muy luminoso. Pero el exceso de radiaciones supera nuestra capacidad de adaptación y llega a lesionar las diferentes partes sensibles de los ojos, como la conjuntiva o la córnea, pudiendo producir incluso lesiones de extrema gravedad.

Consejos para protegerte del sol en la montaña

1-) Reducir la exposición al sol durante las horas centrales del día, en que ese astro ocupa las posiciones más altas o verticales y “nos fríe” directamente con sus rayos.

2-) Cubrir la mayor cantidad de piel posible mediante prendas de tejidos que no sean fácilmente atravesados por las radiaciones lesivas, como las ultravioleta. Según de qué fibras estén fabricadas y cómo estén tejidas, las prendas tienen distinto factor de protección UPF (Ultraviolet Protection Factor), siendo más importante el bloqueo de los UVB. También el añadido a la materia prima original de sustancias, como cerámicas o dióxido de titanio, sirve para incrementar la protección de la ropa.

¿Cómo protegerte del sol en la montaña en verano?

3-) Usar cremas de protección solar. Su efecto se basa en el uso de elementos físicos, químicos o biológicos para reducir la llegada de radiaciones nocivas a la piel. Si en una base de crema distribuimos minerales como el ya citado oxido de titanio, o el de zinc, los rayos se reflejan en esas partículas y rebotan, quedando nuestras células “a la sombra”. En el caso de las cremas basadas en protectores químicos lo que se hace es utilizar sustancias que reaccionan con las radiaciones y las absorben o transforman, reduciendo su efecto. A su vez, los elementos biológicos actúan bloqueando la formación de radicales libres propiciados por las citadas radiaciones.

Hay productos que utilizan varios de estos tipos de filtros combinados, mejorando la cosmética, su eficacia y duración. Con unas presentaciones distintas, para adaptarse al tejido de los labios, existen los “stics” con sustancias protectoras solares diseñadas para esa zona específica. En algunos casos, se tiñen, para dejar en evidencia si, al beber o frotarnos, hemos perdido parcial o totalmente la capa de defensa.

4-) Proteger los ojos con gafas, las mejores aliadas, aunque también ayudan gorros, viseras y similares. Pero pueden ser dañinas si sus componentes no son adecuados, especialmente porque al reducir la luz que llega a estos delicados órganos, la pupila se abre más y entra una cantidad mayor de agresivas radiaciones. Por eso es fundamental que las ópticas, que para el deporte casi siempre están hechas con materiales orgánicos en lugar de cristal, tengan un excelente filtro frente a las radiaciones ultravioleta. Igualmente conviene que cuenten también con filtro para las infrarrojas, puesto que de no tenerlo, el calor aumentará detrás de las lentes, como en un invernadero, y resultará incómodo llevar las gafas. Y el diseño también ayudará a mejorar sus cualidades, prefiriendo aquellos de forma envolvente, que eviten la entrada lateral o inferior de radiaciones.

¿Cómo protegerte del sol en la montaña en verano?

Lentes orgánicas y diseños envolventes.

 

¿Cualquier protección para cualquier persona?

¡Desde luego que no! Las personas somos diferentes en cuanto a nuestra tolerancia a las radiaciones. Para podernos entender, se han diseñado diferentes escalas, entre las cuales, actualmente es más utilizada la de Fitzpatrick. Propone 6 niveles o fototipos, de los que el I corresponde a personas de piel pálida y cabello pelirrojo, muy sensibles a la radiación solar y que, por lo tanto, precisarán mucha protección, mientras las del fototipo VI tienen la piel negra o muy oscura y disponen de mayor protección natural.

Atendiendo a cómo somos, en ese aspecto, a cuánto tiempo vamos a exponer la piel a las radiaciones y a qué tan intensas sean estas, si personas con un fototipo V pueden estar bien protegidas usando un factor de protección (FTP) 15, por ejemplo, otras con un fototipo II necesitarán un FTP 35. En cualquier caso, lo más inteligente es reducir la exposición excesiva al sol, porque ni siquiera con estos productos podemos evitar todas las radiaciones nocivas.

¿Cuándo y cómo debemos aplicarnos las cremas de protección solar?

Para que su efecto sea más eficaz, las cremas deben extenderse con la piel seca, unos treinta minutos antes de estar al sol y de forma abundante, repitiendo regularmente su aplicación cada cierto tiempo, en función de cómo somos, qué hacemos y cuánta radiación nos afecta.

La diferencia entre el sol necesario y beneficioso y otro agresivo y perjudicial es sólo una cuestión de dosis.

¡Cuidémonos!

Por el Doctor Kepa Lizarraga (Especialista en Medicina del Deporte y colaborador de Forum Sport).

FacebookTwitterGoogle+

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Protected with IP Blacklist CloudIP Blacklist Cloud