Cómo elegir tus bastones de trekking

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Una buena vara de avellano. De grosor adecuado al uso y, eso sí: bien recta. Con esos datos, antiguamente, nos dirigíamos al monte en la época adecuada y buscábamos la que sería, durante años, nuestra compañera de viajes. Hoy día, en las estanterías podemos perdernos entre la amplia oferta de bastones de trekking que se ponen a nuestra disposición.

Bastones de trekking: acertar en la elección

Si es para usar en carreras de montaña, el peso es un aspecto clave.Cada 100 gramos de peso extra que llevemos en las manos hace que nuestro consumo de energía sea cerca de un 2% mayor si andamos a 4 km/h. Y si lo hacemos más rápido, el aumento de gasto crece. Entonces, procuraremos llevar los más ligeros, para que las ventajas de usarlos compensen el esfuerzo de cargar con ellos. Si no vamos a pelear contra el cronómetro, podemos preferir los que sean más fiables y resistentes.

Sistema de ajuste de la longitud

Los bastones regulables suelen emplear un par de métodos para mantener fija la longitud deseada: un taco de expansión interno, que se bloquea girando una de las partes respecto a la superior, o una zona de compresión que, mediante una pequeña excentricidad de una pieza, abraza el tramo inferior del bastón.

El primer método es interno y queda protegido de las inclemencias y de los golpes, pero cuando la humedad o el polvo penetra en el interior de los tramos, o se desprende de sus paredes, por efecto del uso, hay que saber desmontar el bastón para poder limpiarlo por dentro y recuperar su capacidad para aguantar nuestros apoyos sin resbalar y acortarse.

El sistema de compresión tiene la ventaja de que está bien a la vista, y puede hacerse su mantenimiento con más facilidad. En cambio, se ensuciará y golpeará más.

Tipo de mando y material

Tenemos variadas opciones: desde el mango recto hasta los mangos en T, y desde el material plástico, a los de esponja o de corcho. Entre los rectos, algunos de los de material esponjoso cubren la zona de apoyo habitual de la mano y un buen trozo más hacía abajo, con lo que, cuando andamos en medias laderas, y la longitud de cada lado debiera ser diferente, sin parar para cambiar la longitud de uno, podemos agarrar el bastón del lado del monte desde un poco más abajo y utilizarlo de forma cómoda.

En mi opinión, cuando buscamos un bastón para aligerar el peso de las rodillas en los descensos, los mangos en forma de T pueden permitirnos descargar más peso en ellos, al poder apoyarlos en línea recta con el puño y la muñeca.

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Usar adecuadamente dos bastones durante el descenso de una pendiente de un 25% reduce entre un 12 y un 25% la intensidad de los impactos y la presión en la articulación de la rodilla, lo que es vital para quien las tiene “muy rodadas”.

Sin embargo, para impulsarnos en los ascensos, el mango recto, sea cual sea su material, nos permite un mejor uso de la fuerza de los brazos en los ángulos de trabajo utilizados.

Hay estudios que demuestran que llevar una longitud incorrecta, o una técnica no apropiada, hace que gastemos más calorías para andar a la misma velocidad. Y eso, excepto que lo hagamos para adelgazar, no es positivo.

Ángulos o posiciones correctas de uso

En ascenso, los brazos pueden ayudar mucho al esfuerzo de las piernas, impulsándonos hacía arriba. Pero si clavamos los bastones delante de donde tenemos los pies no conseguiremos ese empuje adelante. Tan solo nos evitarán caernos de morros. Para que el esfuerzo de los brazos nos lleve hacía adelante, arriba en la pendiente, es preciso que las puntas de los bastones se claven tras nuestro centro de gravedad. De esa forma, la fuerza aplicada por los brazos tendrá un componente vertical, hacía arriba, y otro horizontal, hacía delante: ¡avanzaremos!

Lo mismo ocurre si estamos en terreno llano: cuando clavemos detrás nuestro nos proyectaremos hacía delante, y si lo hacemos delante de los pies, mantendremos el equilibrio, pero sin ayudarnos a avanzar.

 

La cosa cambia en los descensos. Bajando, raramente necesitaremos el apoyo de los brazos para ir más rápido, pero sí podemos necesitarlos para ir más despacio y reducir las presiones e impactos en las articulaciones de los tobillos, rodillas y caderas.

Y ahora sí: deberemos clavar los bastones delante de nosotros, de tal forma que el componente vertical de cada apoyo reduzca la carga de las piernas al ser soportada parcialmente por los brazos.

 

Longitud de los bastones de trekking

La recomendación más habitual es ajustarlos de forma que, en un terreno llano, al agarrarlos por su empuñadura (los más habituales, de mango vertical) y apoyarlos en el suelo, el codo nos quede formando un ángulo recto. Así se ha venido haciendo durante años, y ese ajuste puede ser válido para casi todas las situaciones. Pero hay otras opciones. De hecho, en las competiciones de esquí de fondo veremos que actualmente la longitud utilizada es bastante más larga que la que obtenemos con ese ángulo del codo.

En descenso, si queremos reducir la carga en las rodillas, como el terreno en que apoyaremos el bastón está varios centímetros más bajo que donde estamos pisando, será preciso alargarlo en esa medida, de forma que el brazo trabaje de forma eficaz.

Y si estamos ascendiendo y queremos impulsarnos, clavando el bastón más abajo y detrás de nosotros, también será preciso que su longitud sea algo más larga que la del codo recto, o no podremos sacarle el máximo partido.

En ambos casos, la longitud adecuada deberá ajustarse en función de la pendiente por la que andamos, tanto si es para frenar y aligerar peso, como si es para ayudarnos en el ascenso.

 

¿Cómo hay que usar la dragonera?

Probablemente, si digo que podemos hacer muchísima fuerza sobre ellos sin tan siquiera agarrarlos con las manos, más de una persona pensará que me equivoco o escribo sobre hacer magia. Pero lo que cito es totalmente cierto, y ocurre gracias a esas cintas que llevan casi todos los bastones, llamadas dragoneras. Su utilización correcta es imprescindible en el mundo de la competición, pero fuera de él no muchas personas lo conocen, y lo cierto es que puede ser muy ventajoso. De hecho, algunos modelos se venden con una forma de cinta especial para cada mano, por lo que, si queremos comprar sólo uno, tendremos que pensar con qué mano lo emplearemos más.

Introducimos una mano por ella, desde abajo hacia arriba. Abrimos la mano y sujetamos, de forma simultánea, la cinta y el mango del bastón.  A continuación, ajustamos la longitud de la cinta de forma que, incluso sin agarrarlo, la mano quede a la altura del mango. De esa forma, la función de la mano será la de dirigir el bastón al punto en que queremos apoyarlo, pero la fuerza la podremos hacer desde la muñeca, con un importante alivio del esfuerzo de prensión.

Punteras de los bastones de trekking

Es evidente que los bastones acaban, en su parte inferior, en una puntera que puede ser de una aleación de magnesio, para no resbalar incluso en asfalto, o de acero, con mayor duración de uso. Cuando sabemos que, sobre todo, los emplearemos sobre terrenos duros, y no sobre nieve o tierra blanda, podemos cubrir la puntera metálica con un taco de goma.

Esto nos ofrece un uso más cómodo en asfalto, aceras y demás suelos duros, y mejor agarre sobre ellos. También a este detalle ha llegado la sofisticación, y en lugar del tradicional taco cilíndrico podemos encontrar otros con bisel de apoyo que aumentan la superficie y el agarre al impulsarnos.

Por último, cuando pensamos en utilizar los bastones sobre la nieve para la que originariamente fueron desarrollados, sustituiremos esos topes de goma por unas rosetas, cuya función será la de presentar una superficie amplia para evitar que el bastón se clave en exceso en la nieve, especialmente si es blanda.

¡Cuánto han evolucionado las antiguas cachabas, varas o cayados usados por nuestros ancestros!

Por Kepa Lizarraga (Especialista en Medicina del Deporte y colaborador de Forum Sport).

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