¿Cómo conseguir agua potable en la naturaleza?

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Cuando programamos una excursión es habitual que, de forma automática, incluyamos alguna cantimplora o botella con agua en la mochila. Si lo hacemos bien, calcularemos cuánto tiempo dura la salida, nos informaremos de las temperaturas que se esperan para ese día y si en el camino que seguiremos hay fuentes con agua potable. Pero en más de una ocasión puede ocurrir que alguna de esas previsiones sea equivocada y se nos acabe el agua “de confianza” que llevamos a cuestas.

La situación, sin ser dramática en muchos casos, se vuelve incómoda, y puede que preocupante. Quien carece de agua, y lo sabe, padece incluso más sed, solo por la angustia que le genera ser consciente de ello. Cierto es que en muchas cordilleras de la península el agua aflora de forma pródiga, pero también lo es que en otras escasea o falta, especialmente durante el verano. Por otra parte, beber cualquier agua puede provocar graves problemas de salud, dado que, además de algunas sustancias químicas, numerosos seres vivos pueden contaminarla: desde microbios hasta larvas de parásitos.

Simplificando y ordenándolos de menor a mayor, los “bichos” que pueden contaminar el agua no tratada y hacernos enfermar son algunos virus, bacterias y parásitos, y pueden producirnos hepatitis, cólera, tifus, amebiasis, giardiasis y otras patologías que pueden ser graves, con deshidratación por vómitos y diarreas, e incluso mortales, en ocasiones extremas. Por lo tanto, debemos asegurarnos de que el agua será potable a la hora de beberla.

¿Dónde encontraremos agua?

El primer aspecto consiste en escoger bien el lugar de dónde vamos a recogerla. Si corre, formando pequeñas cascadas por el terreno o la vegetación, o mejor si brota entre rocas, será preferible que si está estancada.

Antes de llenar el recipiente comprobaremos que en las zonas próximas y superiores no hay excrementos o indicios de estancia de animales o personas, porque pudieran contaminar el agua. Lo cierto es que cuanto más cerca del surgimiento estemos, cabe pensar que más limpia estará, por lo que será mejor un manantial que un riachuelo, y un riachuelo que un lago.

Otra opción es la de recoger el vital líquido según se va fundiendo en las zonas bajas de los neveros que no estén pisados. De esa forma es más difícil que el agua esté contaminada, si bien apenas tendrá sales minerales y estará muy fría, lo que también puede dar lugar a problemas digestivos.

Métodos para tratar el agua

Filtrar

Si el agua conseguida está algo turbia, el primer paso será dejarla quieta para que se depositen las partículas más pesadas en el fondo y, después, moviendo lo mínimo el recipiente, pasamos la parte superior limpia, a otro. El segundo paso será filtrarla, utilizando para ello algún papel como el de servilleta o tejidos tupidos. Estos dos procedimientos sencillos nos permiten eliminar lombrices, quistes, huevos de parásitos y protozoos; es decir: los bichos más grandes, pero se nos colarán las bacterias y los virus.

Hervir

A continuación podemos escoger entre medios físicos y medios químicos para potabilizar el agua que necesitamos. El calor ha sido el método más habitual. Hacer hervir el agua durante apenas algún minuto es suficiente para eliminar virus, bacterias, protozoos y gusanos: los riesgos biológicos que nos acechan en el agua no tratada. Pero lo cierto es que incluso temperaturas de apenas 55º a  70º centígrados, mantenidas varios minutos, son suficientes para lograr el mismo efecto.

Añadir cloro

Andando por el monte nos resultará más práctico recurrir a medios químicos para depurar el agua, y el cloro es el más habitual. Podemos utilizar unas gotas de lejía (hipoclorito sódico) que sea apta para cloración de agua de consumo, sin jabones ni aromatizantes. Entre 1 y 4 gotas, según la concentración de cloro que tenga nuestra lejía, servirán para desinfectar un litro de agua, pero debemos tener paciencia; hay que esperar entre 15 y 30 minutos, según la temperatura y la contaminación, para poder beberla.

Añadir iodo

Sin embargo, no es fácil que llevemos lejía a cuestas, pero puede que sí tengamos con nosotros el botiquín, y en él, uno de los desinfectantes más frecuentes es la povidona iodada (Betadine©). Entre 2 y 10 gotas de esa sustancia en cada litro de agua, según su temperatura sea templada o fría y esté limpia o algo turbia, nos proporciona agua potable para beber si esperamos 15-20 minutos.

Otra forma de usar el cloro o el iodo es mediante pastillas que los contienen en diversas formas, pero que al ser añadidas a cierta cantidad de agua, liberan esas sustancias y la potabilizan. Algunas, como la Micropur forte©, además de cloro contienen plata, que refuerza la eficacia frente a bacterias.

 

Uso de flitros

Otro procedimiento interesante en montaña es el uso de filtros. Los hay de muchos tipos, y no todos son igual de eficaces, por lo que debemos utilizar exclusivamente marcas de contrastado prestigio. Lo que hacen es que el agua dudosa o no  potable pase a través de sustancias con poros, como la cerámica o fibras de vidrio. Cuanto menores son los diámetros de sus agujeritos, menos gérmenes serán capaces de atravesarlos y más limpia quedará el agua. Pero los virus son tan pequeños que logran “colarse”.

Para aumentar su eficacia, hay marcas que añaden a su filtro plata, resinas de iodo o carbón activado. Este último ayuda a protegerse también frente  a algunos tipos de sustancias químicas que puede traer el agua. Por lo tanto, es importante informarse sobre las características técnicas del filtro que necesitamos, de la misma forma que conviene saber qué tipo de contaminación cabe esperar en la zona por la que vamos a movernos. No son iguales los riesgos en zonas altas del Pirineo que en los valles de Himalaya, las planicies africanas o las zonas selváticas amazónicas.

Someterla a radiaciones

La luz solar se ha demostrado que es una eficaz herramienta de potabilización, si bien puede no ser atractiva para alguien que se está moviendo. El agua, una vez filtrada de la turbiedad que podamos, y expuesta durante unas 6 horas al sol, en recipientes transparentes queda potabilizada. ¿Pero quién tiene 6 horas para esperar? También se comercializan lámparas de luz ultravioleta, algunas, de pequeño tamaño,para conseguir agua consumible. Las radiaciones que generan alteran el ADN de los microorganismos y lo rompen, provocando su muerte y la imposibilidad de generar enfermedades. Una ventaja de este procedimiento es que no da mal gusto al agua tratada.

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Es mejor llevar dos recipientes de un litro que uno de dos litros.

Imaginemos que tenemos la provisión de agua potable a medias en una única botella grande y llegamos a una fuente dudosa. Si rellenamos, será preciso añadir alguna sustancia depuradora y esperar unos interminables minutos. Pero si teníamos dos recipientes, pondremos toda el agua limpia en una botella y podremos ir bebiendo de ella mientras se depura el agua dudosa en la otra.

Por: Kepa Lizarraga (Especialista en Medicina del Deporte y colaborador de Forum Sport).

 

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