Cómo orientarse en la montaña sin GPS

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En el monte, ¡cuántas veces nos acordamos de Murphy!, el de la dichosa ley de “si algo puede salir mal, probablemente saldrá mal”. Cuando hace buen tiempo y la visibilidad es perfecta, el teléfono tiene batería, el GPS carga todos sus mapas y seguro que vemos indicaciones por doquier. Pero, ¿qué pasa cuando se hace de noche o el tiempo se vuelve hostil?

Seguramente confiaremos en todos esos elementos modernos que llevamos a cuestas por el monte y nos ayudan a estar geoposicionados en el planeta. Y cuando nos hacen falta e interviene Murphy, ¡es muy probable que no funcionen!

El agua de lluvia, colándose en el bolsillo mal cerrado donde llevamos el teléfono, o las baterías recargables del GPS, que con el frío se han quedado “muertas”, pueden hacer que estos aparatos, que nos suelen orientar a la perfección, nos den la espalda poniéndonos en apuros. Confieso: me han pasado las dos cosas… y otras más.

1- Orientarse con la brújula en la montaña

Gracias a esas buenas lecciones que debemos sacar de las malas experiencias, en mi mochila, junto a otras cosas, siempre hay una brújula. No es una maravilla, pero he comprobado que está en buen estado, marca el Norte y pesa poco. Si además tenemos un mapa de la zona, ya las cosas son más fáciles. La brújula nunca se quedará “colgada”, ni sin pilas. Incluso en ausencia de mapa, contar con ese modesto elemento, (¡tan adecuado para hacer un regalo!), evitará que caminemos haciendo círculos, por ejemplo.

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Toda persona que me mueva por la montaña, por seguridad, debe ser capaz de “leer” un mapa y orientarse con el campo magnético terrestre.

Cuando vamos a recorrer una zona poco conocida, siempre conviene que nos hagamos previamente un esquema mental de cómo es el lugar. De esa manera, aunque sin mapa no podamos trazar un rumbo exacto, quizás recordemos si había alguna carretera, un río, pistas o senderos en una dirección aproximada, que intentaremos seguir fijándonos en la brújula.

2- Orientarse en la montaña gracias a los sonidos

Hay otras situaciones en las que podemos salir del apuro incluso sin ese aparato. Recuerdo un caso en el que, vagando por un hayedo, con interés micológico, llegó un momento en el que, de tanto mirar al suelo, habíamos perdido las referencias y la vegetación nos impedía encontrar alguna válida.

La solución llegó gracias al oído.

Permaneciendo en silencio unos momentos, y haciendo de pantalla de refuerzo con ambas manos tras las orejas, conseguimos recibir el sonido de algún vehículo que circulaba por la carretera junto a la que habíamos aparcado. Orientando la “parabólica” improvisada, fuimos capaces de encontrar la dirección adecuada.

Este método auditivo también es válido para orientarnos de noche y con niebla.

3- Orientarse en la montaña tomando referencias en el terreno

Para evitar apuros, cuando empieza a ser difícil orientarse conviene ir tomando referencias en el terreno: árboles que sigan a la vista, rocas, arroyos,… Sin embargo, si la niebla se espesa o la luz va menguando, la distancia de esas referencias no será demasiado útil y, si seguimos andando, casi seguro que nos desviaremos hacía algún lado, a pesar de creer que nuestro rumbo sigue una línea recta.

Por lo que estaremos atentos a las pistas que nos ofrece la propia naturaleza para evitar que andemos en círculo, sin llegar a ningún lado:

1) Pista 1: El musgo: En zonas rocosas o de bosque, es la mayor presencia de liquen o musgo y humedad en las caras de rocas y troncos orientadas al Norte (si estamos en éste hemisferio).

2) Pista 2: La luna: También la posición de la luna, que cambia con sus fases y según la hora, o más fácil, la de la estrella Polar, si hay visibilidad, son referencias utilizadas cuando no disponemos de nada mejor.

3) Pista 3: ¡Un palo!: Si tenemos sol y lo que tratamos es de fijar los puntos cardinales para decidir en qué dirección avanzar, un método sencillo es el de hincar un palo vertical y recto en un suelo horizontal y marcar dónde está el extremo de su sombra.

Dejamos pasar un tiempo (unos 15′) , hasta que la sombra se aleje de ese primer punto, y marcamos el nuevo extremo de la sombra. La línea que une esas dos marcas nos indica la posición del Oeste y del Este, a izquierda y derecha, respectivamente, si seguimos en el hemisferio Norte.

Una perpendicular a ese trazo marcará el Norte, arriba, y el Sur, abajo, permitiéndonos elegir referencias para seguir, con bastante fiabilidad, la dirección que consideremos nos permitirá salir del apuro (imagen de “Mallorca Verde”).

 

4) Pista 4: las marcas de senderos: Caminando perdidos podemos encontrarnos con marcas de senderos balizados, como los PR o los GR, con sus códigos de colores. Esto puede ser de gran ayuda, porque será más fácil toparnos con alguien a quien preguntar, pero debemos recordar que esas marcas tan sólo indican que estamos en el camino, pero no en qué dirección debemos ir para llegar a determinado lugar.

En caso de extraviarnos y si contamos con medios para aguantar un tiempo, hay veces en que buscar cobijo y esperar es la mejor opción.

¡No perdamos el Norte!

Por: Kepa Lizarraga (Especialista en Medicina del Deporte y colaborador de Forum Sport)

 

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