Hardknott pass, el puerto más duro y famoso de Inglaterra

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Una vieja foto de internet fue el comienzo de esta aventura. Ver a un corredor profesional vestido con los colores del KELME (fijaos si ha llovido) retorciéndose y haciendo eses subiendo un puerto no es algo habitual. Y la verdad es que llama la atención. La foto no tiene trampa, es real, pero lo que a día de hoy matizaría es que el desarrollo con el que el joven corredor está intentado subir la pendiente que se aprecia en la imagen es sin duda demasiado duro para esa cuesta. Hoy en día los profesionales llevan ya de serie en sus bicicletas piñones de hasta 28 dientes.

Lo primero era descubrir a qué puerto correspondían esas imágenes. Teniendo como compañero de aventuras a Ángel, estaba convencido de que no tardaría en saber la respuesta.

¿Dónde está el Hardknott Pass?

Así fue, la foto en cuestión corresponde al Hardknott Pass, puerto que se encuentra en el norte de Inglaterra, un par de horas de coche al norte de Liverpool y Manchester, y cerca de la costa oeste. El viaje a Inglaterra tenía que caer, porque el puerto más famoso de todas las islas estaba allí y esto es un reclamo irresistible para nosotros.

El Hardknott Pass se sitúa dentro de la zona de los lagos y el “countryside” -como lo llaman allí-, alejado de las grandes ciudades inglesas, donde el paisaje transmite tranquilidad y el verde, la naturaleza, las llanuras y las colinas son la nota predominante.

Hardknott pass

Imagen de las ruinas del Fuerte Romano situado en Hardknott Pass. Fue construido entre el 120-138 d.C.

Inglaterra no tiene grandes montañas ni pasos, los puertos no presentan demasiada longitud y desnivel, pero mucho cuidado con confiarse en exceso y tomarse la empresa a la ligera, porque las subidas encierran enormes dificultades disfrazadas de pendientes monstruosas.

Los porcentajes superiores al 20% o incluso 25% son algo muy habitual allí, y no solo en los puertos, sino en cualquier tipo de carretera comarcal que uno tome y que une pequeñas poblaciones entre sí, salvando los obstáculos naturales de una geografía abrupta y muy desigual. No se complican la vida a la hora de diseñar, trazar y construir carreteras. Siempre que pueden tiran por el camino recto, y las trazan de un modo muy directo.

Las señales de advertencia de peligro de pendiente vienen en ocasiones en forma numérica, como nosotros las entendemos; ejemplo: una señal de peligro 25%. Pero en otras ocasiones la señal viene con una fracción tal que así: ¼ (que viene a ser el mismo 25%).

La Fred Whitton Challenge

Existe una marcha en Inglaterra que recorre la zona y que por supuesto incluye el Hardknott en su menú: la Fred Whitton Challenge. Año tras año miles de cicloturistas, cada vez venidos de más partes del mundo, acuden a conocerla y testar sus fuerzas ante los terribles muros y pequeños puertos que esta marcha recorre, con el plato estrella de subir un puerto con rampas reales del 30% en su tramo más exigente.

La marcha es muy dura, pues son aproximadamente 182 km (114 millas) y unos 3.900 m. de desnivel positivo repartidos a lo largo de innumerables repechos y pequeños puertos.

Hardknott pass

Cuando los sufridos participantes llegan a los poco menos de 2,5 km de longitud del Hardknott (no tiene más), la expectación es máxima. Los desarrollos cortos son imprescindibles para poder afrontar la subida con posibilidades de éxito.

Pero otros factores como la meteorología, el suelo que nos encontremos (que no esté mojado y por lo tanto no patine), el desgaste que lleven nuestras piernas… son algunos de los elementos que habrá que tener en cuenta y que pueden ser determinantes a la hora de jugar a favor o en contra en la siempre difícil tarea de doblegar un puerto de pendientes extremas.

La organización al final de cada marcha suele hacer una estimación del porcentaje de ciclistas que consiguen ascender el Hardknott sin poner pie a tierra, y mejor no os doy los datos para desmoralizar a nadie; desde luego muy inferior al 50%.

Pero hay algo más, además de todo lo que os he contado, que convierte a este pequeño coloso en algo tan especial. Y podréis estar preguntándoos: ¿qué?

La respuesta es simple: su trazado.

Conquistando el Hardknott Pass

El aspecto visual cuando estás abajo es algo que me habían comentado, pero que uno realmente no lo aprecia en su verdadera magnitud ni lo valora en su justa medida hasta que lo ve en directo. Hay un tremendo juego psicológico entre el puerto y tú cuando te aproximas a él. Vienes de un tramo llano y delante de ti hay una montaña que no es que sea inmensa. La altitud de paso del collado es 393 m. y la altitud de la base ronda los 90 m., luego el desnivel a salvar es de 300 m.: nada del otro mundo.

Pero lo que realmente impresiona es el trazado de la carretera. Esta no bordea ni traza un camino a base de herraduras para salvar la montaña, sino que la ataca por la mitad de la misma a modo de un cortado por el centro y en vertical. El aspecto visual cuando uno se aproxima impresiona y es de los que no se olvidan, y os lo dice alguien que ha visto muchos puertos y algunos de ellos muy duros.

Yo trazados tan “a la brava” solo los he visto en Inglaterra, en Alemania y en Austria: cortan el monte por la mitad y hacen una carretera que llegue hasta el collado casi en línea recta, en el menor espacio posible.

El Hardknott, en su parte inicial.

 

A partir de ahí, y dado que mientras uno se aproxima ve con total claridad lo que se le avecina y a lo que se tiene que enfrentar, comienza una batalla psicológica y es hasta normal que a cualquiera le entren dudas. Llegados a ese punto, un desarrollo corto (34×32), y sobre todo la fortaleza mental serán nuestras bazas más importantes.

Por el bando contrario, 2,3 km al 13% de media, pero con tramos al 22%-25%, un pequeño descanso, y el tramo más famoso con rampas que comienzan en un 25% y acaban en ese 30% real y mantenido en el espacio, en línea recta sin posibilidad de esconderse en una carretera estrecha y algo botosa.

Además del estado del firme -que como he mencionado es rugoso-, jugará un papel fundamental si el suelo está seco o mojado, porque si a la terrible pendiente se le une una tracción deficiente y un piso resbaladizo, uno no podrá ponerse en pie sobre los pedales en el tramo más complicado y será mucho más difícil superarlo.

Pero no olvidéis lo que os he dicho, y es fruto de la experiencia y puede jugar muy a favor o muy en contra: las rampas extremas (de 30% o más) normalmente impresionan mucho visualmente y a uno le entran dudas de si podrá o no con ellas. Si la duda persiste, recibe inmediatamente la compañía del miedo instintivo a caerse y hacerse daño, y muchas veces es la mezcla de ambas y no nuestras fuerzas, quienes por precaución hacen que uno suelte el pie del pedal y trate de buscar la seguridad de apoyar el pie en el suelo.

El aspecto psicológico dentro de una rampa extrema juega un papel fundamental, y la confianza que uno tenga en esos momentos en sus fuerzas y en sus posibilidades, será crucial para superarla o no, siendo un aspecto a favor o en contra dependiendo de cada cual y el momento concreto.

La clave es confiar en tus propias fuerzas

Nuestro viaje a Inglaterra finalmente se produjo en mayo de 2018. Aprovechando un puente, planificamos varios días para conocer bien la zona. Lo dividimos en dos partes: a la primera con el Hardknott y otros puertos estrella, fuimos Berritxu (Aitor Antxustegi) y yo; a la segunda se nos unió, como no podía ser de otro modo, Ángel con nuevas rutas y nuevos puertos. Quizás algún día os hable de la etapa de Halifax y sus muros de adoquín, porque da para otro artículo completo.

El día de autos tuvo un doble sector. Por la mañana una etapa para conocer dos puertos en la zona de Keswick e ir testeándonos en las rampas de hasta el 25% que escondía uno de los puertos matutinos.

Por la tarde llegó el momento de la verdad en una etapa de apenas 80 km. que incluía ¡7! subidas, muchas de las cuales no se realizan en la marcha.

Las 7 subidas, todas ellas, tenían rampas superiores al 20%, cuatro de ellas tenían rampas de más del 25% y sólo el Hardknott llegaba hasta el mencionado 30%. Fue una etapa tremenda, donde sin un GPS con la ruta bien marcada, sería imposible no perderse en el laberinto de carreteras vecinales, solitarias, estrechas, donde nos introdujimos, y que supuso un deleite para nuestros ojos por su belleza, y una tortura para nuestras piernas por su dureza.

El plato fuerte era el quinto puerto del día. Para entonces ya habíamos pasado cuatro collados con rampas terroríficas que nos habían puesto en alerta. La aproximación al Hardknott es exactamente como nos la habían contado.

Hardknott pass

Te introduces en una carretera estrecha y cuando restan 2 o 3 km para llegar y levantas la vista hacia arriba, en un momento aparece como de la nada la montaña y ves sin la menor duda su trazado. Una cosa es que te lo cuenten; otra, verlo tú mismo.

Por fin llegamos a la base. El corazón late un poco más rápido de lo normal. Nos sacamos una foto junto a las señales que te advierten de lo que acabamos de ver.

Hardknott pass

Sabemos que vamos a tener que dar un plus, pero estamos confiados en nuestras fuerzas. De verdad que esto que os digo es lo más importante de todo: ¿qué significa estar confiado?

Estar confiado no es decirlo, eso es fácil, es sentirlo. Eso lo sabes muy bien, cuando una temporada (hace unos años) tenías esa confianza, luego otra temporada (que duró otro par de años) la perdiste, y ahora la he vuelto a recuperar. Es algo que se siente, la seguridad de que podrás con la cuesta cuando la veas. No sé explicarlo de otra manera. Esa confianza en uno mismo te hace seguir en un momento dado, o presa del pánico instintivamente, no intentarlo, sobre todo cuando te plantas cara a cara con la rampa, y la confrontación es visual: es decir, en el momento de la verdad.

Comenzamos Berritxu y yo con ganas. Por un momento dejamos de ver la rampa final que visualmente hemos visto hace unos instantes y el trazado en sus inicios nos hace perderla de vista.

El comienzo del puerto. No sabemos lo que se nos viene encima…

 

Las rampas enseguida superan los dos dígitos y hay un par de tramos concretos por encima ya del 22% y del 25%. Cogemos ritmo, y tratamos de llevar la respiración controlada, para dar ese plus que luego la pendiente nos va a exigir. Se me hizo muy corto este tramo: seguro que era por la excitación de que llegara el momento de la verdad.

El peligro cuando te pasa eso es subir demasiado rápido, presa de la ansiedad. Pero la controlamos bien: no sé si subimos rápido o despacio, pero se me hizo muy corto. Antes de entrar en la parte más complicada hay un descenso notable de la pendiente. Sigue con doble dígito, pero como has superado algo muy duro, casi parece llano.

El tramo más complicado viene precedido de una rampa muy dura que en sus inicios empieza en un 18%, pasa a un 22-23%, y tras un pequeño giro a la derecha te plantas en la recta infernal.

Hardknott pass

Rampas previas al (infernal) tramo final, que se intuye arriba.

 

Ya vienes de algo muy duro y tras girar te topas en línea recta con algo peor aún. No cabe la menor duda: es la recta del 30%. Tampoco debe haber cabida para la duda, hay que atacarla con decisión.

Hardknott pass

En la imagen inferior y superior, la famosa e infernal rampa del 30%!!! ¡Buf!

Como dijo Ángel, el tramo no es muy largo, y según entras, ves el final. Eso ayuda y motiva. La rampa se prolonga lo suficiente en el espacio para que la sientas y la padezcas, pero el saber y tener la certeza de que el final está ahí, lo visualizas con claridad, es algo que juega muy a favor.

Tanto Aitor como yo pasamos la rampa sin tener que llegar a ese límite que quizás he llegado en otros lugares, por haber estado quizás en peor forma. Una vez pasada ésta, lo que queda es casi un paseo, ya que la pendiente baja mucho, por lo que disfrutamos enormemente del final.

Hardknott pass

¡En la cima del Hardknott!

Incluso volvemos a bajar una vez coronado el collado para sacar vídeos y fotos gracias a los cuales hoy podemos mostraros este reportaje de un modo más completo. El viaje ha merecido la pena, y el Hardknott pass no nos ha defraudado.

Las expectativas eran altas, pero con una visual y un cortado tan impresionante, es uno de los puertos a primera vista más impresionantes que he conocido. Tiene ese juego psicológico entre puerto y ciclista que le aporta un plus fuera ya de pendientes y otras variables que pueden entrar en juego en la escalada a un puerto. Es distinto, tiene su fama bien ganada y desde luego nuestro respeto.

Un último consejo: elegid bien un desarrollo adecuado, venid entrenados y, si es posible, testad todo en rampas muy duras en vuestras salidas habituales. Con ello y ese plus de motivación que dan las grandes citas, habrá de entrada mucho ganado. Suerte y celebrad la ruta con una buena cerveza en alguno de los muchos pubs de la zona en una comarca que por su belleza y singularidad sorprenderá a más de uno.

Inglaterra es mucho más que Londres, sus ciudades industriales, teniendo lugares tan recomendables como esta zona concreta de la que hoy os hemos hablado. ¡Hasta la próxima!

Por Rubén Berasategui, colaborador de la revista Ziklo y de Forum Sport.

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