Cómo vestirse en primavera para ir a la montaña

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Probablemente sea ésta la estación del año en que más difícil es acertar con el vestuario. El tiempo es muy cambiante, y en el mismo día puede el sol puede calentar mucho por la mañana y llover y hacer frío por la tarde. La tierra y el mar siguen con las bajas temperaturas del largo invierno recién pasado así que, cuando se nubla o se levanta algo de viento, enseguida nos queda claro que verano, verano, no es.

Se hace necesario entonces escoger prendas que, ante todo, sean versátiles. Que nos permitan hacer frente a una caminata que puede comenzar entre la niebla, con fresco, y transcurrir más tarde bajo un cálido sol.

Vestirse en primavera: primera capa

Para esta primera capa soy partidario de utilizar prendas de tejidos sintéticos, con buena capacidad de aislamiento térmico y para la evacuación del sudor, porque se adaptarán bien a los cambios de temperatura y actividad. Y escogeré camisetas de manga larga. Aunque es evidente, conviene recordar que si hace calor podré remangarme y, si hace frío, protegeré los brazos.

Otra opción, en climas cálidos, pudiera ser la de llevar manga corta y unos manguitos complementarios que bajaré hasta las muñecas, si sobran, o incluso puedo quitármelos y llevarlos en la mochila.

Una sencilla cremallera en el cuello puede hacer que la camiseta se adapte y cubra mejor esa parte del cuerpo reduciendo las pérdidas de calor o, una vez abierta, nos permitirá refrescarnos cuando el esfuerzo se vuelva intenso y el termómetro ascienda.

Vestirse en primavera: segunda capa

La segunda capa puede ser un forro polar. Fabricados con diferentes tipos de poliésteres, sustituyeron a las prendas equivalentes fabricadas en lana gracias a algunas de sus propiedades: son más ligeras a igualdad de capacidad de aislamiento térmico, no retienen agua en sus fibras -con lo que secan pronto- y mantienen buen aislamiento incluso si se llegan a mojar.

Es habitual que este tipo de prendas se clasifique en función de su peso, pudiendo aparecer en su etiquetado cifras como 100, 200 o 300. Cuanto más alta es esta cifra, mayor es el espesor del tejido y su aislamiento. Por ello, para primavera puede ser adecuado pensar en prendas de la gama 110 o 200, en función de que seamos más o menos sensibles al frío.

Otra opción pueden ser los plumíferos, que entre dos capas de tejido incluyen fibras naturales o artificiales, especialmente apropiadas para retener aire caliente y aislarnos del exterior. Rellenos con pluma de diversas aves, resultan de gran calidad y calidez. Su mayor delicadeza, comparada con la de rellenos sintéticos, es un argumento de compra importante a la hora de decidirse.

Lo más habitual suele ser decantarse por las prendas con relleno sintético.Entre estos últimos, el Primaloft, Alpha, ThermoBall y Thermal R son algunas de las posibilidades de elección que tenemos. Con forma de fibras, macizas o huecas, de plumones, o de largos y finísimos tubos incluso con canales laterales, estos tejidos consiguen acumular una importante cantidad de aire que se templará con nuestro cuerpo y mantendrá un microclima agradable, al margen del exterior.

Añadir cierres interiores a las mangas, incluso como un pequeño guante o mitón, impedirá que el aire frío entre, pero si no nos lo ponemos o ajustamos, la prenda será más fresca. En un ambiente tan variable, será mejor elegir prendas con cremallera completa que las de introducir por la cabeza, ya que nos darán más opciones de aireación o abrigo. Y aun será mejor si la cremallera principal puede abrirse tanto desde arriba como desde la cintura, porque las posibilidades de ajuste al entorno térmico serán mayores que con una tradicional y mucho mayores que si no es completa.

Vestirse en primavera: tercera capa

La tercera capa, la que nos debe proteger del viento y del agua, sigue siendo necesaria en esta estación. Además, muchas mañanas nos acompañará la niebla, dejando sus gotas sobre las hojas…¡y sobre nuestras prendas!

Frente a los chubasqueros con forros incluidos -e incluso con alguna capa de aislamiento- habituales en invierno, ahora podemos centrarnos más en la impermeabilidad y transpirabilidad ya que, al no ser habituales las temperaturas extremas, podremos confiar su protección a la segunda capa. Prendas aparentemente frágiles, por su delgadez y ligereza, ofrecen impermeabilidad a columnas de agua superiores incluso a los 5.000 mm.

A la hora de escoger cuál será nuestra compañera de escapada, conviene fijarse en detalles importantes de su diseño, como que la capucha nos proteja bien y que las cremalleras estén cubiertas por tapetas o cierres añadidos.

Además, valoraremos…

1) Que el ajuste de los puños pueda realizarse con comodidad, tanto si vamos con las manos desnudas como si tenemos que ponernos unos guantes finos

2) El cierre de los bolsillos, para evitar la entrada de agua

3) La disponibilidad de cremalleras en las zonas de las axilas, que, sin mojarnos por la lluvia, permitirían una mejor ventilación si lo que hacemos es un ejercicio intenso, como correr por el monte.

En cuanto a los pantalones, quizás sea en esta temporada cuando mejor puede venirnos que sean convertibles, es decir, que podamos quitarles las perneras si la temperatura lo requiere.

Es difícil acertar en primavera y podemos equivocarnos por defecto, pasando frío o por exceso, como la persona de la fotografía, que recoge una situación real.

Exceso de ropa para el nivel de actividad realizado → prendas mojadas → pérdida de aislamiento → enfriamiento.

¿La solución?: parar en medio de la nevada y ponerse ropa seca.

Hubiera sido mejor escoger bien qué llevar y cómo usarlo, ¿verdad?

Por: Kepa Lizarraga (Especialista en Medicina del Deporte y colaborador de Forum Sport).

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