¿Guantes o manoplas?

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Las manos son una de las partes de nuestro organismo más alejadas del centro corporal. A pesar de que una tupida red de capilares, arterias y venas se encarga de llevar sangre hasta sus más recónditas células, estar tan expuestas al exterior hace que las manos puedan sufrir especialmente los efectos de las bajas temperaturas.

El ser humano necesita mantener en su interior una temperatura estable, con pocas oscilaciones en torno a los 37ºC, para funcionar en condiciones normales. Pero esa exigencia no afecta a todos sus órganos de la misma manera.

Mientras el corazón, el cerebro, el hígado o los riñones son tremendamente estrictos en cuanto a que la temperatura no varíe, las manos, los pies o el tejido que está justo bajo la piel son capaces de soportar importantes oscilaciones térmicas sin sufrir problemas.

941030_951967348192152_2848640484905201377_nDe hecho, cuando hace frío y el organismo percibe el peligro en la supervivencia, una de las primeras cosas que hace es reducir el riego sanguíneo a las extremidades.

A la altura de las muñecas, entre las arterias y las venas hay unos “shunts” o atajos que las comunican. Si el cuerpo comienza a perder demasiado calor, estos conductos se abren y permiten que la sangre de la arteria, en lugar de recorrer la mano y enfriarse, pase directamente a la vena y vuelva al tronco sin disminuir apenas su temperatura.

Mediante ese mecanismo y el de vaso constricción, que reduce el calibre de los vasos, el cuerpo reduce en gran medida las pérdidas de calor. Si, en condiciones normales, 100 gramos de tejidos de las manos pueden recibir unos 120 ml de sangre cada minuto, con ese cierre la cifra llega a ser menor de 1 ml por minuto.

Eso pone en riesgo la salud de los tejidos, puesto que pierden los aportes de oxígeno, nutrientes y calor, llegando a producirse congelaciones severas. Pero es que, para el cuerpo, lo fundamental es salvar la vida.

Para evitar riesgos tan serios, protegeremos las manos mediante guantes, manoplas u otros medios de fortuna, como puede ser poniéndonos en ellas unos calcetines o introduciéndolas en las axilas o dentro de la ropa que protege el tronco.

21508_949129901809230_1248490124852262487_nPrendas para proteger nuestras manos

A la hora de escoger prendas, tenemos que analizar ciertos detalles: si la fotografía está entre nuestras aficiones, olvidemos las manoplas. Al igual que si tenemos que manejar aparatos como el GPS, teléfonos ó regular fijaciones de esquí.

Tener cuatro de los dedos juntos limita en gran medida nuestra capacidad para utilizar las manos -y sus dedos- como herramientas, por lo que deberemos pensar en adquirir unos buenos guantes.

guantes_1Pero pensemos ahora en que nuestra circulación periférica es un tanto endeble. Que enseguida padecemos de sabañones (eritema pernio) o se nos quedan las manos frías. En tales casos conviene saber que, a igualdad de material, las manoplas son más cálidas que los guantes.manoplas_2

De hecho, una manopla tiene menos superficie expuesta al frío que un guante, porque no existe la separación entre cuatro de sus dedos. Además, en la manopla, las pérdidas de calor de los dedos meñique, anular, corazón e índice se comparten, calentando a los vecinos.

Otra opción que no debemos olvidar es la de combinar una guante fino, interior, y una manopla más gruesa, exterior. De esta forma, personas con mala circulación pueden tener perfectamente protegidas sus manos, incluso del frío intenso. Y pueden también retirar la manopla en determinados casos sin exponer sus manos desnudas, ya que mantienen la protección del guante delgado.

En estos casos, para evitar pérdidas en medio de laderas heladas y comprometidas, se aconseja que la manopla disponga de elementos para fijarla a la muñeca cuando es retirada de la mano. Suele tratarse de cintas elásticas, con velcro o similares.

¡Ojo! Cuando cualquiera de las prendas que citamos se moja, su capacidad de aislamiento térmico se reduce entre un 50 y 66% aproximadamenteLuego debe ser sustituida o complementada con otras que suplan sus pérdidas.

1073131_619198194802404_1578071498_oRecuerdo haber tratado congelaciones en el extremo de un solo dedo que, al hacer el estudio sobre su origen, no se debía a un posible anillo que hubiera hecho de torniquete, ni a un agujero por desgaste, sino a que el guante, en ese dedo concreto, se había mojado al preparar el desayuno previo al intento de cima.

Y, en último caso, no debemos olvidar que algunas prendas presentan en las mangas mitones añadidos, finos por lo general, pero suficientes a veces para salir de un apuro. Al igual que puede servirnos el encoger los brazos para que las manos queden dentro de las mangas, meter las manos en los bolsillos -sólo si el terreno es seguro- y otras decisiones que nuestra imaginación nos podrá aportar en caso de necesidad.

Eso sí, nada como unos buenos guantes o manoplas. Tú eliges en función de las claves que te hemos dado pero ¡protege tus manos! Las congelaciones no son una broma…

Congelacion-manos-operacionPor: Kepa Lizarraga (Especialista en Medicina del Deporte y colaborador de Forum Sport).

 

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